Guayana Esequiba: nuestra herencia histórica sin palabras embadurnadas
En algunas ocasiones, se hace menos pronunciable el discurso socio-político mundial dominante.
En el escenario internacional, aunque resulte extraño, prevalece un clima que lo enreda todo.
Las palabras comunes con las que quisiéramos (y debemos) intentar definir las cosas, o por lo menos irlas llamando por sus nombres, se han vuelto extrañas.
Los códigos lingüísticos han variado y corren a contrapelo de la realidad.
Acaso no nos ha sucedido que no obstante teniendo lo perceptible muy cerca de nosotros como para juzgarlo, la retórica de las naciones con pretensión se superpotencias tuercen los significados y te los hace saber distintos.
Obviamente, que subyace un marcado (e indisimulado) interés en tal discurso manipulado; sobre todo pronunciado en las destacas convenciones y alianzas de países, con aspiraciones de dominar y repartirse el mundo.
Por eso los enunciados, contenidos en sendos comunicados, en su mayoría son falsos.
Dígame cuando enarbolan las banderas de la paz, la reconciliación y solidaridad entre naciones hermanas.
Nos queda la sensación de que hay que aprender de nuevo a pensar y a escribir.
Pareciera que “las respuestas no siguen a las preguntas, el saber no sigue a la duda y las soluciones no siguen a los problemas” (Larrosa, dixit).
El uso indiscriminado de los vocablos no sería tan grave si éstos no fueran instrumentos para llegar a conocer, analizar e interpretar la realidad.
No surtirían tanta preocupación si todo se quedara en palabras vacías, sin intencionalidad; pero la mayoría de las veces van más allá. Hacia posibles daños perpetrados contra otros Estados.
Resulta que los enunciados y sus significados en voz de las potencias imperiales son senderos abiertos para explorar, conocer e intentar someter al........
