Víctor Corcoba Herrero: «En un mundo abatido, hay que animarse»
Es cierto que quien espera, puede caer en la desesperación; pero siempre es mejor viajar lleno de sueños, aunque sea un riesgo que hemos de correr, que caminar sin ansia, pues sería como morirse en espíritu. Lo sustancial radica en activar los latidos, convirtiendo el pulso en una comunión de sinceros abrazos, para poder transformar las ofensas en clemencia, el sufrimiento en consolación y los sanos propósitos de perseverancia en obras caritativas. De hecho, la misma naturaleza que nos acompaña y acompasa, tiene un estilo sorprendente que debe forjarnos a hacer pausa, al menos para reflexionar e iluminar las conciencias de ese bondadoso innato sentido natural, para que podamos gestar un porvenir que nos vincule y fraternice en calor de hogar.
Hay nubes, pero también claridades; como igualmente hay penas sobre un cielo azul, pero además un poema de anhelos, dispuesto a esclarecer la noche para renacer en un esplendoroso día, contra nuestra desolación. Desde luego, hay que levantarse siempre y renacer cada jornada, con la confianza repuesta y la expectativa cargada de positivismo. La indiferencia no es humana, somos gente de palabra y corazón, a ejercitar con el prójimo. Con ellos y por ellos, hemos de palpitar de modo perseverante en la entrega de un nosotros; además de hacerlo, por los injustos, para que modifiquen sus actitudes y encuentren la paz. Entre tanto, con la certeza de que ya nos hemos globalizado, nos resta hermanarnos a la vida que somos y al verbo que conjugamos, como latido de benevolencia.
Cultivemos el esfuerzo cada instante, sin que nadie quede fuera de juego. El mundo es de todos y de nadie en particular. Lo que no puede suceder a estas alturas del camino, que se pongan en riesgo los servicios esenciales o el sistema de alimentos, en cualquier parte del planeta, y siempre afecte a los grupos más vulnerables. Demos albor a los que caminan entre sombras y, la alegría, secará las lágrimas vertidas por doquier. No olvidemos que todo se restaura por el auténtico amor, sin apenas hacer ruido alguno, pero lleva consigo una existencia entregada. Sin........
