Ramiro Grau Morancho: «Sobre la prostitución política»
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que no castellana, define a la prostituta o al prostituto, en su acepción única como la “persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero”.
En las últimas décadas, ha aflorado en España una nueva profesión, los políticos que lo mismo hacen a la carne que al pescado, que igual se alían con un partido de derechas, como de izquierdas, o mediopensionista.
Son las prostitutas de la política, en el sentido de que venden sus “favores” políticos a cambio de cargos, dignidades, empleos…, o dinero.
Pagos en directo o “en diferido”, según esa gran aportación a la ciencia jurídica de la señora de Cospedal…
La verdad es que hace ya tiempo que pienso que muchos pagos políticos se hacen en diferido, y solo hay que ver como la práctica totalidad de los ministros son nombrados consejeros de las grandes empresas del Ibex35, e incluso multinacionales, bancos, aseguradoras, grupos informativos, o más bien de “presión” informativa, etc.
Todo ello con salarios “mínimos” de varios cientos de miles de euros al año, y en ocasiones con cifras que superan hasta el millón de euros anual.
¡Así se explica uno cómo no para de subir el recibo de la luz, que al final tendremos que alumbrarnos con velas, como nuestros abuelos, o cómo los bancos se dedican a apropiarse indebidamente de nuestro dinero, cada vez más escaso, por cierto!
Son pagos “en diferido”, y la banca nunca pierde, por lo menos en España, y sino que le pregunten a los que hayan tenido la desgracia de hipotecarse recientemente.
Es una pena que el diccionario de la lengua española no tenga una palabra que defina debidamente a esta “casta” de políticos que se venden al mejor postor, y que cada día abundan más, por desgracia para todos.
¿Tal vez prostitutos políticos…? Es decir, políticos que se prostituyen al servicio de sus –inconfesables- intereses, medro personal, etc., y que........
