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Laureano Benítez: «La caída de Roma bajo la secta vaticana»

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16.06.2026

Desde el ataque globalista del coronavirus, el mundo se ha dividido  en tres ámbitos bien diferenciados: el de los despiertos, que saben la verdad y combaten la dictadura de la Agenda 2030; el de los dormidos, comúnmente llamados “borregos”, tragacionistas que se someten sin rechistar al tremendo Himalaya de mentiras del globalismo antropofóbico; y los sonámbulos, sumidos en un estado de duermevela sin chicha ni limoná, funambulistas en inestable equilibrio entre la luz y las tinieblas, que tienen algo de lucidez en algunos postulados de la agenda satánica, pero que se tragan otros con patatas y todo.

Dado que el ataque agendista más cruel tiene como víctima a Occidente, y dado que éste tiene su base histórica y cultural más sólida en el cristianismo,  los creyentes tienen un peso decisivo en el éxito o fracaso del Nuevo Orden Mundial, por lo cual cabe preguntarse cuál es su actitud mayoritaria ante esta amenaza a la especie humana.

Responder a esta cuestión ha de partir inexorablemente de un hecho esencial, que da a las bancadas cristianas una especial característica, influyendo decisivamente en su respuesta, el cual consiste en que los creyentes tienen ante sí el trabajo de un doble despertar, algo que no sucede con los no creyentes.

En primer lugar, han de percibir la colosal verdad de que los sistemas occidentales “democráticos” son una pura farsa, pues ha bastado una simple plandemia para que sus gobernantes hayan quedado desnudos, y las supuestas libertades se hayan sumido en el profundo limbo de las protodictaduras. No es tarea fácil reconocer que nuestros gobernantes no solo no buscan nuestra libertad, nuestra prosperidad, nuestro bienestar, sino que sus políticas se encaminan salvajemente a destruir nuestra dignidad, a buscarnos la ruina, a esclavizarnos bajo una dictadura tecnotrónica.

Este despertar es común a todos, pero, sin embargo, en el caso de que un cristiano haya conseguido salvar esta pantalla, aún le queda otra, muy difícil de manejar: ver con prístina claridad que el Vaticano es una secta ahíta de maldad, presidida por entidades malignas de cuernos y cucuruchos negros, de rituales sulfurosos, que, lejos de buscar la salvación de los creyentes, está conchabada con el Señor de las Moscas para ser la vanguardia mundial de la Agenda 2030, liberando y adulando a los barrabases del mundo, mancillando la sacralidad que deberían defender, entregándose sin rubor ni pudor a las tinieblas más abyectas.

Es decir, que un cristiano necesita despertar a dos Himalayas de mentiras, pues, aparte de ver la verdad de los sistemas que le esclavizan y buscan su ruina, tiene además que ver........

© Periodista Digital