Juan Pérez de Mungía: «El delirio del verdugo»
El fracaso intencionado de Sánchez en relación con la que denomina crisis humanitaria no es un simple resultado de esa empatía suicida hacia el extraño por la cual un gobierno se revuelve contra quienes supuestamente representa en beneficio de cualesquiera que llegue a nuestras fronteras. Más bien resulta de una mezcla de conveniencia política (“nos conviene la tensión”, como diría Zapatero), una estrategia más de empobrecimiento y control, y su propia debilidad ante los crecientes rumores que por doquier se extienden sobre sus prácticas aberrantes por no decir inmorales de las que se ha beneficiado por la meublé de su consorte de las que es guardián, Pegasus mediante, el rey de Marruecos que sabe bien, por sí mismo, del efecto de esas prácticas sobre sus conciudadanos si se desvelaran. Todavía existe una opinión pública que se escandalizaría con las manifiestas contradicciones de sus políticos, incluidos monarcas, con una simple prueba de consumo de estupefacientes antes y después de su presencia en el Congreso y en el Senado. Tal vez no lleguemos a saber de nadie que fallezca por autoasfixia erótica, y que sea difícil conocer el impacto del consumo de sexo químico que infecta en las infestadas aguas de Barcelona, Madrid o las letrinas del congreso, pero ciertas conductas hacen razonables las sospechas. Nadie perdería un segundo de su tiempo si pudiera reducir a prácticas privadas lo que finalmente se manifiesta en delitos públicos. No es el caso de Goytisolo que mantenía a una familia marroquí para disfrutar de su homosexualidad con un amante musulmán, tan resuelto a defender la integración del Sahara en el imperio marroquí. Lo más sórdido no es la ambigua sexualidad humana, que ha llevado a tantos a renunciar a su éxtasis ocasional y proveerse de un marido que le proteja frente a la amenaza de la laxitud anal, el sexo químico o infecciones víricas, protegidos ahora por la ciencia y la protección de datos. No todas las prácticas sexuales derivan en fiesta y la propaganda de disolución cultural de los esbirros prostituidos de la prensa, la canalla comprada, no pueden ocultar ese propósito que estuvo en el origen de la guerra del opio. Hablemos de brecha orgásmica de las hembras para no hablar de las felonías de Sánchez: el algoritmo convierte la sexualidad femenina en un campo de batalla y los comentarios en redes a la noticia de las psicólogas Laurie Mintz y Montse Iserte revelan el tabú, con insultos de “lesbianas insomnes con pelos en los sobacos” a “¿y de las niñas violadas en Ceuta vais a decir algo?”. Esa misma prensa que predica la brecha del 30 % menos de orgasmos silencia la verdadera invasión y la verdadera responsabilidad de Sánchez cuyos motivos para la traición y la negligencia quedan en segundo plano frente a la propia denuncia de las consecuencias criminales –con resultado de muerte– de su complicidad y dejación de funciones.
En la peculiar acogida a los inmigrantes que han invadido Ceuta poniendo en riesgo a españoles de pleno derecho, impera esa práctica de empatía suicida que anida en la mente enferma de Fergie Chambers, el millonario detenido en Ibiza que se declara “defensor de los derechos humanos” cuando actúa como esbirro del yihadismo desde su residencia tunecina, con abogados encabezados por Baltasar Garzón denunciando “persecución política” de Trump por su apoyo a Palestina. Bien trufado de un antisemitismo que parasita la cultura occidental en sociedades que apuestan por su propia extinción como el Reino Unido, Francia y Alemania, donde la fusión entre islamismo y comunismo amenaza las sociedades occidentales. Ignoran estos necios que la religión musulmana no tiene más nación que la comunidad islámica y las fronteras se disuelven en la yihad. El pueblo español no va a tolerar esta endémica práctica sanchista que........
