Un científico molesto
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La vida y la obra de Emanuel Swedenborg han estado condenadas al ostracismo por el grave delito cometido contra las leyes de lo políticamente correcto. Este personaje, estando en el cenit de su carrera y a la edad de 56 años, emulando a Sócrates, dijo aquello de «solo sé que no sé nada» y, a partir de ahí, se olvidó de la ciencia para dedicar el resto de su vida al, económicamente y socialmente poco rentable, conocimiento de Dios.
Swedenborg, antes de abandonar la ciencia en aras de la teología, tenía publicados numerosos libros de matemáticas, geología, química, física, mineralogía, astronomía, anatomía, biología y psiquiatría.
En el campo de la medicina descubrió la función de las glándulas endocrinas y desarrolló un estudio avanzado sobre la circulación de la sangre y su relación con el corazón y los pulmones. El funcionamiento del cerebro y del cerebelo también fueron objeto de sus estudios y publicaciones.
En el campo de las matemáticas aplicadas inventó un sistema decimal monetario que sirve también para el estudio de la cristalografía.
En cosmología fue el primero en publicar la hipótesis de la formación nebulosa del sistema solar, explicando la naturaleza de la Vía Láctea.
El clímax de su conversión ocurrió en abril de 1745, en Londres, cuando por la noche, en la habitación donde estaba hospedado, una figura luminosa se le apareció identificándose como Jesucristo, comunicándole que lo había elegido para revelar a la humanidad el sentido velado de las Escrituras.
La vida de Emanuel Swedenborg, hasta el momento de su mística conversión, se había desenvuelto entre las más altas esferas de la intelectualidad del momento, codeándose con personajes como Newton o Leibniz, siendo un personaje respetado y admirado en los ambientes universitarios, especialmente en los de Oxford y Cambridge.
La obra de Emanuel Swedenborg superó el centenar de........
