Sobre calzonazos, cobardes, y traidores vendepatrias
Invasores marroquíes perpetran un nuevo ataque con cócteles molotov contra una patrulla militar en Ceuta
Confieso que, a estas alturas de la vida, hay poco que me pueda remover cabeza y entrañas a la vez, al provocar un estallido concatenado, cual bomba de racimo. Sin embargo, hoy ha sucedido.
Ha sido tras escuchar una frase, diluida dentro de un ´podcast´ realizado al veterano periodista Alfonso Rojo. Una frase que cuando la he oído, todo se ha parado, hasta el punto que me he quedado con la mirada perdida y la mente disparada, viendo a Rojo moviendo los labios, pero sin escuchar ya nada.
Contaba Alfonso Rojo, en la entrevista, la anécdota vivida durante uno de sus viajes, cuando, habiendo llegado a Esparta y dentro de una ronda de saludos, estrechó la mano a un vecino del lugar, diciendo: – ¡Hombre, usted es espartano! A lo que el lugareño respondió: ¡No! Espartanos eran los de antes; yo soy un puto griego.
Posiblemente un chaval español de ahora, no pueda comprender, por extrapolación mental automática, el calado de esa frase, porque ya se han encargado, mediante la utilización torticera de los diferentes planes de estudios, de borrar, cuando no embarrar, la grandeza histórica del Imperio Español; hoy, país; ayer patria.
Sin embargo, tras ver la reacción espontánea, del pueblo español, tras la invasión de Ceuta, aún me queda una brizna de esperanza.
No soy un puto español; putos son los que mandan, y aquellos que a lametones les planchan las bragas. La triste historia de mi patria, resumida en la frase del Cantar de Mío Cid: «¡Dios, qué buen vasallo, si tuviese buen señor!». O, en el pensamiento del sacerdote católico, y filósofo catalán, el español Jaime Balmes [1810 – 1848], sobre la reacción del pueblo........
