Contra el infierno y más allá
El silencioso crecimiento del voto CERA que ya representa un 15 % en seis provincias
Y, fundido en un suspiro, volaré más allá de este maldito valle de sombras que, en su cainismo siniestro, aullando quedará, royendo entre sus fauces mis viejos huesos cansados… Como si a alguien le importara lo que a mí me pueda pasar, si a mí mismo ya me da lo mismo reír que llorar.
Vuela, alma peregrina, sin mirar atrás, que aún me quedan muchas vidas por morir, muchas muertes por vivir; muchos cuerpos que ocupar; mucho amor que dar; tal vez aquí ya no, pero sí en otro lugar.
Tal vez sea porque siempre he sido el eterno debutante, tratando de escapar de la esclavitud que conlleva conjugar el verbo amar.
Y así seguiré: inmaduro, espontáneo y atrevido, como un niño que, en el fondo, nunca quiso madurar; aquel niño que, antes de aprender a andar, mirando al cielo comenzó a correr sin parar.
Y aun ahora, que nada tengo por ganar y sí todo por perder, como ayer miraré al cielo, me levantaré y en solitario volveré a correr, aun sabiendo que mañana me volveré a caer; pero desde la tranquilidad que da saber que mi Señor me volverá a alzar; sea aquí, o en el Más Allá.
POSTDATA: Posiblemente la única herencia positiva que, sin saberlo, dejará el jefe de banda cuando lo encierren en una jaula será la cantidad de poesía que su infierno inspiró.
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