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Los accionistas de la verdad

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08.02.2026

Los sistemas nerviosos no sirven para constatar la realidad. La anticipan y simulan, vale decir, construyen un modelo de ella basado en predicciones; lo reajustan en función de múltiples ocurrencias. La mente humana es la expresión más sofisticada de ese sistema: no vive en el presente, sino en posibles futuros inmediatos para el organismo que coordina.

Entre la predicción y el resultado, probablemente como un efecto inesperado de lo anterior, se abre un espacio singular, transicional, donde nacen arte, deliberación moral, juego, deseo, utopías y distopías, todo aquello que consideramos nos hace únicos a los Sapiens.

Espacio en el que cabe una predicción que nunca falla: nuestra mortalidad. Sabemos que el cuerpo se acaba. Esa certeza estructura silenciosamente nuestras prioridades, nuestros temores y nuestras ficciones. Organismos cuya función es sobrevivir a punta de predicciones, buscan explicar sus aciertos y errores, armar un relato que dé sentido a sus vidas finitas.

La ciencia occidental se organizó alrededor de la explicación. Importaba entender causas, demostrar mecanismos, aislar variables. Predecir era valioso en la medida que validase una explicación, pero insuficiente. Saber qué pasaría no bastaba; había........

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