A cuatro patas y ¡olé!
Me gusta el sexo. También me gusta comer y adoro dormir. Lujuria, gula y pereza. Todo mal. Sobre todo para las mujeres, a quienes se nos ha exigido que seamos unas almas, y sobre todo unos cuerpos, puros. Sin deseos, ni apetitos. Hambrientas, célibes y siempre ocupadas. Cuidando y sirviendo a los demás, o embarcadas en tareas repetitivas, como bordar y tejer. Cualquier cosa antes que estar ociosas y que nos dé por pensar y reflexionar sobre nuestro papel en el mundo o nuestra necesidad de satisfacer nuestros deseos sin culpa. Pero resulta que la mayoría de nosotras hemos sacado tiempo para pensar, formarnos y replantearnos casi todo. La mayoría de nuestros comportamientos enseñados desde niñas, pero sobre lo que nos han dicho que no deberíamos hacer o pensar, mucho menos desear.
Liberarnos de las amarras de la sempiterna renuncia femenina a los apetitos, las pasiones y los deseos lo hemos logrado -también- gracias a ese feminismo que nos dicen que ha llegado demasiado lejos. Pero sobre todo gracias a las miles de mujeres se tomaron una pausa en sus labores de "ser una mujer como dios manda" y se pusieron a cuestionarlo todo: su educación, su forma de comportarse, de presentarse, de moverse en el mundo y hasta la manera de entender los deseos y las necesidades de sus cuerpos........
