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Una Europa que intenta no quedarse atrás

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23.04.2026

Tenemos de nuevo cumbre europea, esta vez en Chipre, que ostenta este semestre la presidencia rotatoria de la UE. En este Consejo Europeo, además de la coordinación institucional habitual de estas citas, quedará reflejado el sentir de una UE que comienza a asumir —con retraso y no sin resistencias— que su marco estratégico de las últimas décadas ha quedado obsoleto. Europa se quiere reconfigurar, sí, pero lo hace con paso renqueante, atrapada entre inercias del pasado, urgencias del presente y muchas dudas.

Uno de los debates que probablemente se abordarán tiene que ver con la activación y reinterpretación de la cláusula de defensa mutua recogida en el artículo 42.7 del Tratado de la UE. Hasta ahora, esta disposición ha sido poco más que un recurso simbólico, invocado en contextos muy concretos y sin una traducción operativa clara. Sin embargo, el deterioro del entorno de seguridad europeo —y, sobre todo, la creciente incertidumbre en torno al compromiso estadounidense— está obligando a reconsiderar su alcance.

Este giro no puede entenderse sin atender a la evolución de las relaciones transatlánticas. Durante décadas, la seguridad europea se ha construido sobre la premisa de un paraguas estadounidense incuestionable a través de la OTAN. Hoy, esa premisa se resquebraja cada vez más rápidamente, aunque a algunos les cueste aún darse cuenta. Esa ruptura no es desde luego explícita, más bien se va produciendo de manera gradual, erosionando progresivamente la confianza estratégica. Las declaraciones de figuras como Anders Fogh Rasmussen, exsecretario general de la OTAN, apuntando al “error estratégico” europeo de haber delegado en exceso su seguridad en Washington, cada vez encuentran más eco en varias capitales europeas.

Los europeos desde luego no van a cuestionar en........

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