Ver el ICE con horror e ignorar el CIE a pocos metros de tu casa
El pasado domingo 3 de mayo, un ciudadano español llamado Miguel Barreno aterrizaba en Madrid tras varias horas de vuelo directo desde los Estados Unidos. Había pasado seis meses preso en un centro de detención y después en una prisión convencional en Kentucky. Barreno vivía con su pareja en Chicago desde 2017. Trabajaba y llevaba una vida normal, a pesar de no tener los papeles en regla. Hasta que un vehículo del ICE, la policía migratoria del país, lo detuvo junto a otros compañeros de trabajo de origen nicaragüense.
Las imágenes que hemos visto sobre las actuaciones del ICE en Estados Unidos deteniendo niños, separando a familias o ejecutando a sangre fría a quienes les plantan cara grabándolos con un teléfono móvil o reprochando su actitud, han sacudido las conciencias de todo el planeta, que asiste incrédulo a este proceder que, sin embargo, ni es nuevo ni sucede tan solo en aquel país. Pero el contexto trumpista, la exhibición constante de la crueldad y de la retórica racista como seña de identidad de esta administración, espantan incluso a los biempensantes que creen que una democracia no puede hacer esas cosas.
Miguel Barreno no es el único europeo, ni el único blanco, que acaba detenido y deportado en EEUU. Por eso, las acciones del ICE son quizás vistas con más preocupación, con más empatía hacia sus víctimas, porque “son como nosotros”. Pero el ICE lleva ya muchos años en marcha, arrestando, encarcelando y deportando a miles de personas cada año desde su creación hace más de veinte años, y con todas las administraciones que han pasado desde entonces. Demócratas y republicanos. Trump no ha inventado........
