El problema de Ceuta es que han llegado vivos
Nada hubiera pasado, más allá de una noticia perdida en las páginas de cualquier periódico o entre los minutos de un informativo, si las personas que llegaron nadando a Ceuta se hubiesen ahogado. Es lo que viene sucediendo con el goteo de muertes que, desde hace años, vemos como inevitables, como si fuesen fruto de la mala suerte o culpa de quienes deciden intentar llegar por la única vía disponible para ellos. Aunque hay ya al menos un centenar de muertos en el reciente caso de Ceuta, este "detalle" no es el que más preocupa ni el que provoca más debates y más reacciones políticas. El problema son los vivos, los que consiguieron llegar y hoy truncan la tranquilidad de la ciudad y alimentan los discursos racistas de las ultraderechas globales. Las derechas en auge, y la ultraderecha con su campaña del odio y del miedo, han encontrado en este caso una oportunidad de oro para reforzar su mantra de la invasión y el gran reemplazo.
La crisis humanitaria que se está viviendo en Ceuta estos últimos días está siendo una muestra de las miserias que entrañan las necropolíticas migratorias europeas y el supremacismo que anida de forma transversal en nuestra sociedad, de izquierda a derecha. Un supremacismo que se evidencia con el marco que se elige para hablar de este asunto desde el privilegio de no tener que huir y jugarse la vida, de vivir en el norte y tener un pasaporte al que ningún país al que queramos viajar pone pegas. Un color de piel que te salva del control a la salida del metro o de los insultos y las cacerías de los racistas. Y es que el marco que impera........
