Cómo sobrevive Vox a sus contradicciones sin renunciar al proyecto posfascista
Han pasado ya ocho años desde que Vox irrumpió en las instituciones españolas, precisamente en Andalucía en 2018, donde las elecciones autonómicas están de nuevo al caer y el partido de Abascal trata de mantenerse en su posición en torno al 20% de los votos. Durante todos estos años, los ultraderechistas han ido explorando la mejor manera de ganarse el puesto a la derecha del PP, testando los diferentes amarres que pueden llegar a afianzarle el papel que otras extremas derechas ya han conseguido en otros países. Para esto, a los ultras nunca se les exigió coherencia, ya que sus temas prioritarios pueden ir bailando. Es lo que está sucediendo con asuntos de los que Vox hizo bandera estos últimos años y que hoy son relegados a un segundo plano para reforzar el tema que, parece, les está dando mejores resultados: la cruzada contra la inmigración.
Así lo explicaba el periodista de El País, Miguel González, en un artículo reciente, en el que exponía cómo asuntos como el aborto, la violencia machista o los derechos LGTBIQ han dejado de ser el principal punto de articulación discursiva del partido para abrazar el relato global anti migratorio que, aunque siempre estuvo ahí, han entendido que sirve en gran parte para explicar todo lo demás. Es lo que sucede, por ejemplo, con el problema de la vivienda, y con la apuesta de Vox de promocionar a un perfil como Hernández Quero, supuestamente más social, con la misión de apelar al voto obrero reforzando el chovinismo del bienestar. Esta es la estrategia ultra para hacernos creer que el problema es que no hay para todos y que los migrantes nos quitan la casa, el trabajo y los servicios públicos, no que se esté........
