Mi nido de rojos
Ayer estuve en un buen nido de rojos. Uno grande, bien surtido, éramos más de 20, cada uno de su padre y de su madre. Hubo tiempo para todo: para lanzarse cuchillos, para lamerse las heridas -propias y las de los otros-, para "ay, qué dolor qué dolor", para "ay, qué dolor qué pena", para ya todo está perdido, para espérate un poco que todavía queda. Ya digo: para todo.
Que si a nosotros nos pasó primero y no nos hicisteis ni puto caso, que si ahora os toca a vosotros por no haberle puesto arreglo cuando les pasaba a otros, que si no tenía solución porque Europa no iba a permitirlo, que si no era previsible que llegaran tan lejos, que si no se han arrepentido de no haberlo ni intentado, que si vosotros ya no estáis del lado de todos si no solo del vuestro, que si vosotros no tenéis lado que no sea el propio, que si vosotros os inmolasteis a base de errores no forzados, que si anda que Zapatero dejando las joyas en el despacho que iban a registrar seguro, que si anda que vosotros que no paráis de pelearos y fragmentaros.
Yo me paseaba por los corrillos e iba anotando todo en mi cabeza. Tomar notas habría sido feo. Grabar sin avisar, feísimo. Al fin y al cabo, los quiero a casi todos. En resumen, me dije: se lo están diciendo todo.
Relacionado con este tema
La recopilación de lametones de heridas incluyó muchos "madre mía" y un saco de "me cago en la puta".
Hubo también capítulo Aznar y Felipe: ¡qué pronto salieron a pedir elecciones, qué pronto se quitaron de en medio cuando empezaron a abrir cajas fuertes y a registrar despachos!
También se habló de dónde estarán las joyas de los demás -y no solo de los expresidentes-. Miguel Sebastián, el........
