Días históricos para la justicia transicional en Siria
Un hombre con ropa militar verde oliva, barba corta y un gorro de pescador sujeta por el brazo a un joven que lleva los ojos vendados y las manos atadas a la espalda. En la siguiente escena, el hombre del gorro de pescador ordena al joven maniatado que corra hacia un foso profundo cavado en el suelo. Cuando este alcanza el foso, el del gorro dispara con un fusil de asalto. El cuerpo cae en el agujero. Quien graba la escena ríe, se acerca al borde y muestra el fondo: se ve una cama de neumáticos viejos y una pila de cuerpos, decenas o quizás cientos.
La secuencia se repite a lo largo de los casi siete minutos que dura el vídeo, sin que la cámara tiemble en ningún momento. Otro civil con los ojos vendados y maniatado, y otro, y otro. El hombre del gorro de pescador los guía o los empuja, les dice que hay un francotirador cerca y que deben saltar para esquivar sus balas. Los prisioneros, uno por uno, obedecen y saltan hacia el vacío, y en ese momento una ráfaga de disparos les da de lleno. Se oyen risas cada vez que un cuerpo más cae sobre la pila.
A ratos, los dos militares descansan. Ríen, fuman, charlan frente a la pila de cuerpos como quien contempla el avance de una obra, relajados al final de una jornada laboral. En otro momento se ve al hombre del gorro operando una excavadora para profundizar la fosa. Al final del vídeo, los dos rocían con combustible la mezcla de cuerpos y neumáticos, antes de prenderle fuego.
La banalidad del mal en Siria
Es difícil encontrar a un sirio que no haya visto estas imágenes, que no guarde en su retina estos crímenes, documentados por los propios ejecutores, entre la colección de horrores de los que la población ha sido testigo en las oscuras décadas del régimen de terror de los Asad, especialmente tras la revolución de 2011.
Las más de doscientas víctimas que cayeron en ese foso de neumáticos no eran combatientes, sino civiles de Tadamon, un barrio del sur de Damasco adosado al campo de refugiados palestinos de Yarmouk, conocido por sus viviendas precarias en las que conviven familias humildes, desplazados, refugiados palestinos y personas de distintas confesiones religiosas. Cuando estalló la revolución, los habitantes de Tadamon se sumaron a las protestas populares y el régimen reaccionó reprimiéndolas brutalmente y ejecutando venganzas contra el barrio en los años siguientes.
Los dos criminales del vídeo son Amjad Youssef y Najib al-Halabi, miembros de la Rama 227 de la Inteligencia Militar siria. El segundo murió en combate antes de la caída del régimen. El primero, conocido popularmente como "el del gorro........
