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Lamine y Florentino. Dos mundos, dos maneras

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18.05.2026

Con apenas veinticuatro horas de diferencia, hace pocos días tuvimos dos ejemplos claros de por qué el fútbol es mucho más que fútbol. Siempre sostuve que este deporte es una excelente parábola de la vida misma y lo he argumentado de mil maneras, pero los dos episodios de la semana pasada son definitivos. Un país genocida como Israel enfadándose con un chaval de 18 años, cuyo equipo, el Barça, celebra el campeonato de Liga, por ondear públicamente una bandera del país al que están masacrando, y por otro lado un octogenario desaforado cargando contra todo lo que se mueve, fuera de sí porque la entidad "deportiva" que preside no gana ni un título y el vestuario anda hecho unos zorros.

De un lado, un joven que lanzaba al mundo el mensaje más potente imaginable sin necesidad de pronunciar una sola palabra, y de otro un señor mayor comportándose como un niño malcriado porque quienes siempre se dedicaron a hacerle la pelota se están empezando a atrever a decirle cosas que no quiere oír. Un futbolista sin miedos innecesarios y un empresario sin escrúpulos; un futbolista que opina y un prepotente que odia las opiniones (siempre que no sean a su favor, por supuesto). Un joven que se pronuncia frente a la intolerancia y un señor que tolera........

© Público