Meras sospechas
Las vueltas que da la vida. Hace ya un cuarto de siglo, en plena canícula madrileña, un muchacho de León ganó por la mínima el congreso del PSOE. Se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero y tenía 39 años. Dolidos y desubicados, los diplodocus de la vieja guardia se preguntaban cómo era posible que un tipo de tan escaso bagaje alcanzara tan altas cumbres. ¿No habría sido mejor confiar en un candidato bregado como José Bono, barón rampante y guardián de las esencias felipistas? ¿No era preferible Rosa Díez, que venía de codearse con Fidel Castro durante su experiencia como consejera del Gobierno Vasco?
A ojos de la política tradicional, Zapatero era un pardillo y un blandengue, un candidato bisoño incapaz de competir con la chulería faltona de José María Aznar. Alfonso Guerra lo bautizó como "Bambi" y los periodistas le cogieron el gusto al mote. Los humoristas gráficos lo retrataban con ojitos de gacela. Las noticias del guiñol lo vestían de Peter Pan o lo llamaban "Sosomán" por su insistencia en defender una oposición civilizada en busca del "cambio tranquilo". Incluso después, cuando ese cambio llegó a buen puerto, sus enemigos seguían tachándolo de buenista, a quién se le ocurre reemplazar la guerra contra el islam por la patochada de........
