El secreto del anciano vicario
Siempre que entro en la sede de un partido político de izquierdas me siento en una iglesia. Tienen su propio imaginario y sus propios símbolos, sus libros sagrados y sus profecías, su cielo y su infierno, sus sistemas morales y sus dogmas; son templos extraños que exigen fe desde sus cimientos de barro hacia adentro, en lugar de cascadas rebosantes de esperanza con las que inundar al pueblo, y en sus paredes cuelgan imágenes de santos y mártires, de profetas y mesías como Lenin o el Che o Fidel Castro o Rosa Luxemburgo o Rafaella Carrà o Pablo Iglesias (Posse) o Garibaldi o Trotsky. Son lugares de culto y de emancipación, verdaderos ambulatorios con insulina política donde hacer refugio hasta que al fin se abran esas grandes alamedas que auguran sus hermeneutas y modernos escolásticos.
Sin embargo, faltan representantes de aquellos mesías muertos; faltan........
