No ganar, no perder: la jugada de Sánchez
Probablemente, el momento más bajo de Pedro Sánchez como Presidente ha sido a raíz de la crisis de Ceuta. Irreconocible, según muchos, el animal político por antonomasia dio la sensación de estar cansado, hastiado, harto ya de resistir. La gestión, no sólo de Sánchez, sino de todo el Gobierno, pareció la entrega de la cuchara y la caída en depresión de toda la izquierda.
¿De toda? No. Un sindicato muy particular, asociado al movimiento por el derecho a la vivienda, en lugar de al mundo del trabajo, lleva años levantando la cabeza en ese erial en el que se convirtió la autonomía política asociativa tras el desembarco institucional de 2015. El Sindicato de Inquilinas e Inquilinos lleva ya años trabajando con Maricármenes y generando movilizaciones masivas que no eran sino avisos de lo que estaba por llegar.
Y es que sí que estábamos viviendo la “legislatura de la vivienda”, aunque nadie en las altas esferas se lo tomara en serio hasta que las tiendas de campaña han vuelto a ocupar las plazas y todo el mundo ha empezado a sacar los manuales de hace 15 años.
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Pero han cambiado muchas cosas: el movimiento por la vivienda se diferencia del 15M en que tiene un objetivo definido, de modo que no se tiene que pasar horas de asamblea discutiendo quiénes son y qué es lo que quieren. Esta vez, las redes sociales no son un fértil terreno de abono de la protesta, sino uno de los campos de batalla más difíciles de sostener. Quizás por esto último, la derecha no se ha puesto el disfraz de demócrata y han decidido cargar abiertamente contra los manifestantes, empezando por........
