Trump canta La Parrala
No es nada fácil ser Donald Trump, un personaje que tiene que construirse cada mañana temprano, desde que uno de sus mayordomos caza a tiros una mofeta y la rocía de espray naranja, hasta que él desayuna y se encasqueta la mofeta muerta en la cabeza. Hay días que parece que se peina a portazos y otros que parece que se ha desayunado la mofeta. Pero casi siempre sale al mundo de mala leche, despeinado, alzando mucho el hocico, convencido de que el mundo es el patio de un colegio y los países que lo pueblan chavales desobedientes que no quieren darle el bocadillo. Donald Trump está perpetuamente cabreado no sólo porque tiene la misión divina de agrandar América y no le dejan, sino porque además tiene que agrandar a Donald Trump, algo verdaderamente difícil.
Cada día se levanta, va al baño y allí piensa qué más podría hacer para ser más Donald Trump de lo que es, un problema que excede las capacidades humanas de raciocinio e incluso las otras. Es multimillonario desde pequeñito, evasor de impuestos a gran escala y presidente de los Estados Unidos, pero eso no basta para un ego tan monumental que, con más de siete mil millones de dólares de patrimonio, no tiene ni para pagarse........
