El mejor torero, el rey
Teníamos que haber visto venir que, al abdicar en favor de su hijo Felipe, Juan Carlos renunciaba a la corona, sí, pero no al juancarlismo. No puede renunciar uno al juancarlismo, menos aún si uno es el epicentro personal del movimiento, un movimiento sísmico la mar de largo que empezó allá a finales de los setenta y que todavía anda con sus réplicas: un terremoto de medio siglo a cámara lenta que se ha llevado por delante a banqueros, magnates, guardias civiles, generales, correveidiles, secretarios, barraganas y elefantes. A fin de cuentas, el juancarlismo es una forma de vida, un rock a ritmo de pasodoble con sus muchedumbres de fans y sus grupis rubias, y Juan Carlos lo demuestra día a día dándolo todo, viviendo con el acelerador a tope y lanzándose en plancha encima de su público, seguro de que su público va a........
