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De la propiedad al consumo: mutaciones del pacto patriarcal en la era digital

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22.04.2026

A raíz del caso de Dominique Pellicot —el hombre que durante años drogó a su esposa para que decenas de hombres la violaran— no solo se destapó una historia individual de violencia extrema, sino algo más inquietante: la existencia de redes de hombres dispuestos a participar, observar y sostener colectivamente esa violencia. Desde entonces, han ido emergiendo de forma cada vez más visible múltiples casos similares: chats y comunidades digitales donde se comparten imágenes íntimas sin consentimiento, se intercambian experiencias y se organizan prácticas de agresión sexual.

En ese contexto, una reciente investigación de CNN, elaborada por la periodista Saskya Vandoorne, ha dado un paso más al destapar redes globales de hombres que comparten consejos para drogar y violar a mujeres. No se trata de foros marginales ni de espacios ocultos exclusivamente en la dark web, sino de comunidades relativamente accesibles donde se intercambian vídeos, estrategias y experiencias.

En estos espacios, los hombres no solo consumen violencia: la aprenden, la perfeccionan y la validan colectivamente. El reportaje muestra algo más inquietante que la existencia de agresores: revela la existencia de una cultura compartida de la violencia sexual, una pedagogía entre hombres que enseña cómo ejercerla y cómo no ser detectados.

Algunos análisis han empezado a referirse a este fenómeno como una suerte de "academia global" de la violación: no una organización formal, sino una red difusa de espacios digitales donde la violencia se transmite, se normaliza y se perfecciona colectivamente. Más que individuos aislados, lo que aparece es una estructura cultural que sostiene y reproduce estas prácticas.

Este tipo de prácticas puede parecer extremo, incluso excepcional. Pero quizá no lo sea tanto. Tal vez lo que estamos viendo no es una ruptura, sino una mutación de algo mucho más antiguo.

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que el imaginario patriarcal se organizaba en torno a una idea aparentemente clara: las mujeres eran "de alguien". Hijas, hermanas, esposas. Su sexualidad no les pertenecía, pero tampoco era completamente disponible. Estaba regulada por un sistema de honor masculino que delimitaba fronteras: quién podía acceder a qué........

© Público