Cochabamba también se gobierna desde su imagen urbana
En cada proceso electoral municipal reaparecen, con razón, los grandes temas de gestión: obras, seguridad, transporte, servicios básicos, ordenamiento vial y atención a las necesidades más urgentes de la población; son asuntos ineludibles; sin embargo, existe una dimensión de la vida urbana que casi siempre queda relegada a un segundo plano, a pesar de su influencia directa en la experiencia cotidiana de la ciudadanía: la estética urbana, entendida con seriedad, la estética urbana no se reduce al adorno, a la decoración superficial ni a decisiones aisladas de embellecimiento, se relaciona con la capacidad de una ciudad para construir una imagen coherente de sí misma, resguardar su memoria, ordenar sus símbolos y ofrecer espacios públicos que fortalezcan la convivencia, la identidad y el sentido de pertenencia. La ciudad no solo se habita, también se lee, se interpreta y se siente, en sus plazas, parques, paseos, monumentos, jardines y fachadas institucionales se expresa una determinada idea de lo común.
Cochabamba ha atravesado, en distintos momentos, intervenciones urbanas marcadas por la improvisación, por acciones desarticuladas y por una escasa relación entre criterio técnico, contexto territorial y participación social; la alteración de espacios emblemáticos, la incorporación de elementos sin suficiente diálogo con su entorno y las decisiones sujetas a coyunturas políticas han dejado una imagen urbana fragmentada, en ocasiones confusa y muchas veces distante de las formas en que la ciudadanía reconoce su propia ciudad. Por ello, a pocos días de elegir un nuevo alcalde, conviene plantear una pregunta que rara vez ocupa el centro del debate público: ¿qué visión de ciudad sostienen quienes aspiran a conducir Cochabamba? Porque gobernar no consiste únicamente en ejecutar obras o responder a la presión de la coyuntura, también implica comprender que la ciudad comunica valores, transmite cultura y organiza, a través de su forma visible, una experiencia colectiva del espacio. En ese marco, la estética urbana debe asumirse como una responsabilidad pública, no puede depender del gusto personal de la autoridad de turno ni de decisiones improvisadas sin continuidad institucional; Cochabamba necesita una política integral de espacio público y arte urbano, sustentada en criterios técnicos, inventario patrimonial, mecanismos de participación ciudadana, concursos transparentes y una visión de largo plazo capaz de articular belleza, memoria y funcionalidad.
El próximo alcalde tendrá la obligación de administrar recursos, atender demandas y resolver problemas concretos, pero también tendrá la responsabilidad de cuidar el rostro urbano de la ciudad, porque una ciudad digna no se define solamente por las obras que inaugura, sino por la manera en que construye sentido, resguarda su memoria y ofrece a sus habitantes espacios capaces de expresar respeto por lo colectivo. Cochabamba también se gobierna desde su imagen urbana.
CULTURA, ZOOCIUDAD Y TERRITORIO
JAIME ALZÉRRECA PÉREZ
Docente investigador IIACH- UMSS
