Las fauces de la inteligencia artificial
Mientras las grandes corporaciones tecnológicas estadounidenses afinan sus estrategias para conquistar nuevos mercados financieros, incrementar su capitalización bursátil y consolidar posiciones dominantes en la economía digital global, una realidad mucho menos visible se abre paso bajo el brillo de la innovación. El conocimiento acumulado durante siglos por la humanidad, las lenguas que hablamos, los datos que producimos, nuestras conversaciones, imágenes, hábitos, memorias y formas de trabajo han sido progresivamente capturados, procesados y transformados en activos privados de extraordinario valor económico. Sin embargo, la apropiación de la experiencia humana no constituye el único fundamento material de esta nueva economía. A medida que las compañías tecnológicas multiplican sus beneficios, emerge una contradicción histórica de proporciones inéditas: millones de personas comienzan a disputar con la infraestructura global de inteligencia artificial recursos esenciales para la vida. Agua, energía, minerales estratégicos, territorio, trabajo humano y capacidad ecológica son absorbidos crecientemente por una arquitectura tecnológica privada cuya expansión parece no reconocer límites. Lo que se presenta como la gran promesa de progreso del siglo XXI tiene un rostro material, que pertenece a nueva forma de acumulación.
Lo que durante años fue considerado una advertencia exagerada de filósofos de la tecnología, investigadores críticos y especialistas en ecología política acaba de ser respaldado por una de las instituciones académicas más importantes del sistema de Naciones Unidas. El 03 de junio de 2026, el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH) publicó el informe Environmental Cost of AI’s Energy Use, un documento que cuantifica por primera vez, con una perspectiva integral, la huella energética, hídrica, territorial y climática de la inteligencia artificial. El informe no inaugura una discusión; la verifica. Convierte en evidencia medible lo que durante más de una década había sido advertencias académicas hechas  por autores como Kate Crawford, Shoshana Zuboff, Nick Couldry y Ulises Mejias.
Las cifras son difíciles de asimilar, según las proyecciones de Naciones Unidas, para 2030 la infraestructura global asociada a la inteligencia artificial podría consumir........
