El vaticinio de la toga y la banda presidencial
En estos momentos de escándalos e incertidumbres que nos tienen a punto de perder la fe política; me refugiare en algo que conozco: La música vallenata, y su impacto en la cultura patria.
Despuntaban los primeritos días del mes de julio del año 2001, y en las calles parisinas de ese centro poblado llamado “La ciudad Luz”, se realizó un evento cultural denominado “Gabriel García Márquez, Escalona y el vallenato”, organizado por el diplomático Clemente Quintero, siendo embajador Juan Camilo Restrepo; cuya exposición central, correspondió al Maestro Rafael Escalona; convertido en una especie de vedette masculino, a nivel nacional e internacional, durante todo el tiempo de su existencia. Finalizado el encuentro cultural, el combo de músicos y amigos de Escalona, salieron a recorrer las calles de ese caserío, y se establecieron en los alrededores del arco del triunfo, en los campos elíseos y armaron una parranda vallenata. La boca les sabía a Whisky Old Parr y el estómago les gruñía pidiendo sancocho costeño en esas latitudes. 25 años después, esa parrandita en la ciudad luz, ha dado de que hablar, por un hecho particular: Unos versos del maestro Escalona, presagiando que uno de sus acompañantes, tenía reservado su destino en la historia. En el vallenato no solo hay casualidades; hay parrandas, versos, tragos, amigos y hasta premoniciones, que dichas por un juglar, se vuelven ley.
Por aquellos días, París olía a café y a acordeón vallenato. En París, lejos de la tierra de las mariposas amarillas y del Rio Magdalena, se encontraron dos colombianos que parecían no tener nada en común: el maestro Rafael Escalona, el más grande juglar del vallenato, con su sombrero, paraguas y su verbo de rey; y un joven abogado nacido en Bogotá, hijo de una familia de alcurnia en las sabanas de Córdoba, quien por aquella época, estaba recién desempacado y empezaba a abrirse camino en el ejercicio profesional. Dicen que cuando había música y certámenes de vitrina nacional e internacional, este muchacho se pegaba como estiércol en alpargata de pobre y como era diminuto en estatura, con tal de que lo vieran al lado de celebridades, estiraba el pescuezo como garza costeña en busca de pescado.
Cuentan los que estaban ese día en el fundingue callejero, que Escalona lo miró fijamente, le escudriñó la cara y entre tragos de Whisky, guitarra y acordeón, le soltó estos versos: …. “Serás un buen abogado brillante profesional,........
