Con fuerza local y sentido de pertenencia
En la primavera de 1995, durante un discurso pronunciado en la isla de Contadora, Gabriel García Márquez recordaba que la cultura no es un adorno reservado para especialistas, sino el idioma, la comida, la música, la educación, las formas de vivir y el amor; en pocas palabras, lo más importante de la vida. Para entender esa verdad en nuestra tierra, basta recorrer las manzanas vecinas al Parque Santander y recordar que Neiva ha sido una ciudad de pasajes. En esos corredores multiplicados tras el terremoto de 1967, a la sombra de antiguos barberos y relojeros, nuestra gente demostró que lo cultural no es un decreto frío, sino el modo en que un pueblo habita su territorio. De allí nace una pregunta esencial: ¿es la sociedad la que moldea a la cultura, o es la cultura la que esculpe lo que somos como sociedad? Quienes han estudiado el comportamiento humano reuniendo más de cien definiciones distintas sobre la materia coinciden en que se trata de un camino de doble vía. Nuestras costumbres y valores son el fruto de lo que hicimos ayer, pero también son el molde que condiciona lo que haremos mañana. Las personas crean la cultura porque ninguna tradición existe al margen de quien la práctica, pero al mismo tiempo nos formamos y nos comprendemos a través de esas mismas creaciones. Como ocurre con el espacio público, la........
