El apego a la tierra
Los lemas “Esta tierra es nuestra” o el más radical “Tierra o sangre”, en todas las épocas, culturas y civilizaciones acompañaron intensas luchas. No se trata sólo de la posesión, propiedad o legado, sino del arraigo.
“El amor, madre a la patria, no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca”, escribió en Abdala José Martí, una de las voces más altas de la cultura y el independentismo iberoamericano.
Desde los primeros compases, la guerra por elección desatada entre Rusia y Ucrania, más exactamente entre la OTAN (incluido Estados Unidos) y Rusia, recordó un anacronismo porque se trata de apetencias territoriales y de violaciones a la Carta de la ONU, el más cabal consenso alcanzado por la humanidad.
La Carta resume el respeto a la igualdad soberana de los estados, la soberanía nacional e integridad territorial y la solución pacífica de los conflictos. Ninguno de esos consensos fue observado.
Es cierto que tal cosa había ocurrido antes y probablemente suceda en el futuro, pero que, en clave de confrontación, intervengan en ello cuatro de cinco potencias nucleares, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, encargados por la Carta de mantener el orden internacional, más que paradójico, ha sido catastrófico.
Al involucrar a treinta países de Europa, escenario fatal de las dos........
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