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El cierre de la embajada cubana en Ecuador, la política de castigo y el precio de una victoria

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07.03.2026

Siempre que uno escribe sobre Cuba pierde un amigo. Esto suele ser válido para cualquiera de los bandos en conflicto. Ese fenómeno se llama polarización y su primera víctima suele ser la objetividad. Y objetividad no es lo mismo que neutralidad.

Durante la pandemia, con el aeropuerto José Martí cerrado, el consulado cubano en Ecuador socializó una decisión de las autoridades migratorias de la isla: cobrar una multa a quienes permanecieran más de 24 meses fuera del país sin regresar. Era una de esas decisiones que hacen hervir la sangre. Lo escribí entonces en un texto que circuló bastante en redes. Una académica defensora del gobierno me respondió desde Granma. Finalmente, la medida no se aplicó. 

Hoy la sangre vuelve a hervir, pero en sentido aparentemente contrario. Solo aparentemente, porque las víctimas vuelven a ser las mismas.

Cuba cierra su embajada en Ecuador tras expulsión de todo su personal diplomático

Cuba cierra su embajada en Ecuador tras expulsión de todo su personal diplomático

El gobierno de Daniel Noboa decidió declarar persona non grata al embajador de Cuba y expulsar a toda la misión diplomática. Con esa decisión no solo se cerró la embajada: también se cerró el consulado cubano. Y ahí está el problema.

Una embajada gestiona relaciones políticas entre Estados. Un consulado gestiona la vida cotidiana de las personas. Allí se registran nacimientos, matrimonios, títulos escolares y defunciones. Allí se legalizan documentos, se tramitan pasaportes y visas, se atiende a ciudadanos detenidos o en problemas legales y se gestionan trámites para cubanos y ecuatorianos. Cerrar una embajada rompe relaciones entre gobiernos. Cerrar un consulado rompe servicios básicos para la gente común. 

Al cerrar ambas cosas al mismo tiempo, el gobierno ecuatoriano convirtió a miles de migrantes cubanos en víctimas colaterales de una decisión política. Es una medida legal dentro de las facultades del Estado. Pero eso no la vuelve legítima ni moralmente defendible.

La única explicación pública ha sido mostrar imágenes de funcionarios cubanos quemando documentos. El propio Noboa lo comentó con sarcasmo: “No........

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