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La Habana que queremos: entre la inteligencia artificial y la ciudad inteligente

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16.06.2026

La inteligencia artificial (IA) está haciendo su entrada en la vida de los ciudadanos de forma acelerada y diversa, en algunos casos de manera pasiva. Las herramientas digitales de IA con acceso gratuito han permitido a los usuarios realizar múltiples tareas, desde la búsqueda de información y la transformación o falsificación de imágenes y fotografías hasta el diseño complejo de objetos, edificaciones y ciudades. Pero, más allá de la forma activa de utilizarla, está la de consumirla como producto terminado, y esta tiene un impacto aún mayor.

En el campo de la arquitectura y el urbanismo, lo que antes era dominio exclusivo de sus profesionales ahora está al alcance de cualquier persona que sepa realizar indicaciones (prompts, en inglés) a la IA para transformar una fotografía de un espacio urbano o un edificio. Una acción como esta, que antes requería muchas horas o días de trabajo, puede realizarse ahora en segundos o minutos, según el grado de complejidad y la velocidad de conexión. 

A pesar de las indudables ventajas que esto ofrece, también existe un peligro: la obtención de resultados visuales casi instantáneos sin los debidos análisis previos ni la experticia que requiere cualquier propuesta que impacte en la vida de los habitantes de una vivienda, un barrio o una ciudad.

A la par de este desarrollo sin precedentes, según varios expertos e historiadores, Cuba se encuentra en una de las peores crisis de su historia, lo que hace prever que se avecinan grandes cambios. 

Estos posibles escenarios han propiciado que la imaginación de muchos se eleve hasta pensar que La Habana se convertirá, en pocos meses, en un Dubái del Caribe. 

Aficionados cubanos, presumiblemente residentes fuera del país, imaginan una Cuba y una Habana prósperas, capitalistas y consumistas. Trasladan parte de la prosperidad existente en los lugares donde residen o en las ciudades que admiran —con grandes rascacielos, mayoritariamente con fachadas de vidrio, abundancia de automóviles y materiales dorados— a las nuevas edificaciones y al ambiente que supuestamente se respirará en La Habana del futuro si se produce el llamado —e incitado desde el exterior— “cambio de régimen”.

A este fenómeno de falso desarrollo se refirió el profesor y arquitecto Mario Coyula Cowley (1935-2014) en su último artículo, publicado en 2014 en la Revista Bimestre Cubana de la Sociedad Económica de Amigos del País. Antes de describir tres posibles escenarios futuros para La Habana, Coyula conjeturaba sobre cómo habría sido la ciudad si no hubiera triunfado la Revolución.

“En resumen —decía—, La Habana sería menos auténtica y se parecería más a cualquier otra gran ciudad del mundo eufemísticamente llamada en desarrollo. Por desgracia, hay en Cuba ahora gente para la que este modelo se identifica con el desarrollo.”

A propósito de este fenómeno de imaginar una Habana con gran afluencia de capital y códigos extranjeros, el profesor Ruslan Muñoz, entonces decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (CUJAE) realizó una publicación en la que se alarmaba por los ambientes agresivos y descontextualizados que mostraba uno de esos videos.

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