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El trilema de la renuncia, la mano dura o el diálogo

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30.05.2026

Los analistas políticos han llegado casi de manera general a la conclusión de que Bolivia es un país de tensiones irresueltas entre la política de las calles y la política de las instituciones. Por un lado, las instituciones y las constituciones no han tenido la capacidad de procesar los conflictos de manera democrática y satisfactoria, instituciones como los partidos políticos, el parlamento o la ALP, el Órgano Ejecutivo, Judicial y Electoral se han degenerado al punto de ponerse al servicio de intereses grupusculares, corruptos y autoritarios; por otro lado, ha sido la política en las calles que ha acumulado bancos de ira (con o sin razón) y procesado demandas de justicia y de un trato razonablemente justo en pie de igualdad, realizables, cuando logran dirección política. En pocas palabras la historia política de Bolivia demuestra que no ha logrado un ajuste mutuo entre la política informal de las calles y la política formal de las instituciones y las constituciones; eso que le llaman Estado fallido no es otra cosa que la ausencia de un buen diseño institucional capaz de regular los equilibrios inestables de las relaciones de fuerza callejeras y estatales.

Los discursos de las calles se entrejen y se fracturan con las de sus instituciones, a la vez que no hay institución que llegue a funcionar sin un discurso oficial que la sostenga. En consecuencia, tanto la función, las fortalezas y debilidades de las calles y las instituciones, así como del conocimiento de los comunes y de los expertos deben reconducirse en una dirección dialógica, en un centro libre de extremismos; deberíamos por tanto aprender a razonar la democracia de manera sistémica y hacer de las políticas públicas no un modo instrumental. Por tanto, los elementos del discurso político de hoy deben aglutinar en un todo coherente y equilibrado los múltiples fragmentos de percepciones sensoriales polarizadas que de otra manera resultarían ininteligibles (Dryzek, 2003, p. 143). Los discursos están impregnados de odios y de sesgos que se alimentan de la incapacidad de gobernar de un gobierno débil y sin rumbo e impiden un dialogo democrático y un equilibrio reflexivo entre los bolivianos. Más específicamente, estos sentimientos ciudadanos oscilan en el trilema de la renuncia del Presidente del Estado, la mano dura contra los insurrectos y el diálogo plural entre todos los que tienen una concepción del bien y de la vida buena inherentemente conflictivos e inconmensurables (Rawls, 1996), de lo que trata es de iniciar un enfoque de la política, de la economía y de la justicia en términos equitativos y de cooperación entre ciudadanos y colectivos libres e iguales.

Debemos superar nuestras opiniones del conflicto como un asunto de vándalos bloqueadores y de empresarios productores; estas interpretaciones caen en desuso porque siempre estuvimos frente a un problema de historia política y social que se escinde entre opresores y oprimidos. La única vía de superar los desequilibrios de poder en Bolivia y las asimetrías económicas es que la gente común tenga su lugar en las instituciones renovadas para la negociación de largo plazo y en pie de igualdad, en el marco de equilibrios inestables sin duda pero también de un equilibrio general de la economía; equilibrio de las........

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