Davos, expectativas y avances macroeconómicos
Después de más de dos meses de instalado el nuevo gobierno, el Ministerio de Economía y Finanzas ha presentado su primer informe oficial sobre la situación macroeconómica del país. El documento es, en esencia, un balance de daños… pero también de reparaciones iniciales. Y conviene decirlo desde el inicio: para el corto tiempo de gestión, hay avances que no son menores.
Se normalizó la oferta de hidrocarburos, volver a encontrar gasolina ya no es una experiencia mística, se retiraron los subsidios a los combustibles, el tipo de cambio dejó de comportarse como adolescente hormonal, mejoraron ligeramente las reservas internacionales y se reabrió el grifo del financiamiento externo, con promesas de cooperación internacional que podrían sumar unos respetables 7.800 millones de dólares. Nada mal para los primeros capítulos de la novela.
Ahora bien, como toda buena lectura económica, el interés no está solo en lo que el informe dice, sino en lo que deja entrever. El propio documento reconoce que la inflación seguirá siendo elevada en los próximos meses, moviéndose entre el 12 % y el 17 %. Traducido al idioma cotidiano: los precios todavía no han decidido portarse bien.
Ante este escenario, el Banco Central de Bolivia ha hecho lo que hacen los bancos centrales cuando se ponen serios: apretar el cinturón monetario. Menos dinero circulando, tasas de interés más altas y un mensaje claro al mercado: “la fiesta se acabó, al menos por ahora”.
Es una decisión técnicamente correcta. Pero como toda medicina fuerte, tiene efectos secundarios. Menos liquidez significa menos crédito, menos inversión privada y una economía que empieza a caminar más despacio. El desafío es evidente: domar la inflación sin........
