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La sociedad del cansancio

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09.08.2026

Nunca escuché a mi padre decir que estaba cansado. Y motivos no le faltaban. A su jornada laboral se sumaban otros empleos. Las vacaciones coincidían con la vendimia, de modo que tampoco eran un tiempo de descanso. Además, cultivaba el huerto, cuidaba el gallinero, los conejos y el cerdo. Durante años me pregunté de dónde sacaba las fuerzas. De niño solo tenía una certeza: cuando fuera mayor quería parecerme a él.

No era un caso excepcional. Mi padre pertenecía a una generación que había aprendido que los problemas se resolvían con esfuerzo. El Estado apenas alcanzaba allí donde terminaba la responsabilidad individual y familiar. El sacrificio no era una virtud extraordinaria, sino la forma habitual de afrontar la vida.

Lo que hoy más me llama la atención no es cuánto trabajaban, sino que apenas hablaban de su cansancio. No existía la necesidad permanente de desconectar........

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