Informe PISA: ¿para qué educamos?
Imagino que cada nuevo informe PISA provoca inquietud, preocupación e incluso cierta frustración entre muchos educadores que ponen su pasión y su esfuerzo diario en la noble vocación de educar. Cuando los resultados empeoran, comienza inevitablemente la búsqueda de explicaciones y, con demasiada frecuencia, también la de responsables sobre los que descargar las críticas y la ira acumulada.
Lo hacemos en la educación y lo hacemos ante otros grandes problemas colectivos. Lo hemos visto, por ejemplo, en tragedias como la DANA de Valencia: antes incluso de haber comprendido completamente qué ha sucedido, necesitamos encontrar al responsable. Sin negar que las responsabilidades existen y deben ser asumidas, quizá deberíamos preguntarnos también por aquello que nos corresponde como sociedad.
Los malos resultados educativos son, sin duda, preocupantes. Una sociedad que no consigue que sus jóvenes desarrollen adecuadamente capacidades tan fundamentales como comprender lo que leen, razonar matemáticamente o desenvolverse ante problemas complejos tiene motivos para preguntarse qué está haciendo mal.
Pero creo que la cuestión es todavía más profunda. No hace falta esperar al informe PISA para advertir que atravesamos una crisis educativa. Basta con observar nuestra vida cotidiana. Podemos verla en determinadas formas de proceder de nuestros políticos y responsables públicos; en la evolución de algunas empresas y en la distancia que todavía existe entre hablar de dignificar el........
