Crítica de "La Luz": Dios aprieta, sus fieles ahogan
Editor antes que director, Fernando Franco no hace prisioneros. Concibe cada película como una declaración de intenciones y sus intenciones no se andan por recovecos. Los que circundan al padre Manuel -inconmensurable Alberto San Juan-, son de culpa y remordimiento, de soledad y redención. Sin pensarlo, o tal vez sí, Franco hace de su sacerdote de pasado pederasta y presente de contrición, el san Manuel Bueno que Unamuno no podía mostrar en sus días. Este Manuel, con cuya confesión arranca la película, vive en una santidad culpable. No duda de su fe sino de la llama(da) de la carne. En el pasado abusó de tres niños y desde entonces lucha para no........
