Comunicar o aparentar
Muchos ciudadanos comparten –aunque no siempre se formule de manera explícita– la intuición de que buena parte de la comunicación de nuestros políticos no busca explicar la realidad de su gestión, sino construir un relato sobre ella. Vender. No trata tanto de aclarar qué hacen, si cumplen con lo prometido, en sus plazos… como de transmitir que se ha hecho lo mejor, como nunca antes y, siempre, más que otros. Importa más la percepción que la verdad.
Este desplazamiento lo anticipaba George Orwell cuando advertía que “el lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen veraces”. Hoy, ese diagnóstico se ha sofisticado. La política encuadra, selecciona y jerarquiza la información. Decide qué datos destacar, cuáles omitir y en qué tono presentarlos. Siempre, claro está, en beneficio propio. Y en ese proceso, la realidad queda inevitablemente filtrada, oscurecida e, incluso, oculta.
Un ejemplo reciente puede observarse en el debate sobre la satisfacción ciudadana del sistema sanitario, que obtiene buenos resultados. Pero las encuestas realizadas olvidan preguntar justamente sobre el aspecto que tensiona el sistema: su acceso, es decir, las listas de espera. Contamos con una excelente sanidad y con unos profesionales volcados en su trabajo; el problema es el acceso al mismo. No preguntar sobre ello significa actuar como el avestruz: no saber, como si ello funcionara.
Otro ejemplo lo tenemos con la segunda fase del........
