Retrato familiar
Los antecedentes de la última comida familiar obligaron a la matrona a decidir que en esa fecha no se hablara de política. Los resultados previos habían sido desastrosos, con cuñados alejados durante varios meses de la concordia familiar, incluso con faltas de respeto cual si fueran delincuentes.
Por consenso y dadas las fechas, el fútbol aparecía como el gran nexo de unión dada la distancia entre fútbol, política e Ibex 35. A la mayoría de la familia no les gustaba el deporte rey, pero los gozadores elevaron el sonido de la televisión y ello cegó cualquier otra consideración.
Lo que estaba previsto fuera un remanso de paz acabo siendo una guerra civil. Siempre hay una oveja negra que le gusta provocar. Los primeros comentarios intergrupales fueron inocentes; así, el susodicho pensaba en voz alta si el jugador X comía las aceitunas a dedo o a palillo. Los empotradores no le dieron pábulo, como si se reservaran hasta ver el partido encaminado el resultado.
Tras unos momentos de impase, la matrona, haciendo esfuerzos por aunar la conversación y que esta se desarrollara acorde a las normas educacionales, se tiró del caballo y decidió que pasara lo que pasara, no estaba dispuesta a hacer ningún esfuerzo por la convivencia
Y así se formaron dos grupos independientes.
Los empotradores, que ponían cara de circunstancias ante lo que se avecinaba, no hablaban entre ellos, solo manoteaban con las manos y hacían gestos despectivos, a veces movían los labios sin entenderse dado el volumen de la televisión con su efecto narcótico y su fascinación por el ruido. Contaban con cerveza y palomitas, cada uno de ellos con su mochila; incluso valoraron la posibilidad de sondarse para no perder detalle cuando la cerveza hiciera su efecto.
En el otro extremo........
