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Consumimos, luego existimos

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14.02.2026

La vida se ha convertido en una frívola fiesta comercial en la que todo está en venta. La sociedad es un gran mercado en el que la gente compra abrigos, relojes, discos, bufandas y otros caprichos, muchas veces superfluos, envueltos en la farsa de la necesidad. En esta era consumista nos pasamos el tiempo discutiendo si es mejor el cava catalán o el champán francés, o si los vaqueros Levi’s son o no los mejores. La publicidad nos hace soñar con la plenitud material, pero cuidado con las ofertas oníricas, pues los sueños, según el psicoanálisis, son un lugar colmado de deseos insatisfechos. Sí, pues al cuerno con Freud.

El mercado es una competición entre la gente para lucir el móvil más caro, la ropa más exclusiva y los complementos más inútiles, porque no complementan nada, pues solo sirven para lucirlos en cualquier cena de gula y embriaguez, en la que se tiende al esnobismo, aunque todo esnobismo tiende a eso, a seguir la moda, a qué otra cosa si no. Quiero decir que la funesta manía de comprar nos está llevando a la fruslería disimulada. Incluso en las farmacias los escaparates están llenos de inútiles productos cosméticos para combatir el envejecimiento de la piel o........

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