Cómo la crisis con Irán revaloriza el Sáhara
La tensión en el Golfo Pérsico reconfigura la seguridad energética global y devuelve al Magreb –y al conflicto del Sáhara Occidental– al centro del tablero geopolítico.
Las crisis internacionales suelen iluminar lo que durante años ha permanecido en segundo plano. La escalada de tensiones en torno a Irán y el riesgo de interrupciones en el suministro energético mundial han vuelto a situar una pregunta clave sobre la mesa: ¿de dónde obtendrá Europa la energía que necesita? En esa búsqueda de alternativas, el norte de África emerge como un espacio estratégico. Y en ese nuevo mapa, el Sáhara Occidental aparece como una pieza que ya no puede seguir fuera del análisis.
Cuando el mundo habla de Irán, en realidad está hablando de energía. Y cuando habla de energía, está hablando de poder. Las tensiones en el Golfo Pérsico no son nuevas, pero cada episodio de inestabilidad tiene efectos inmediatos a escala global. El estrecho de Ormuz, por donde transita una parte esencial del petróleo y del gas mundial, es uno de los puntos más sensibles del sistema internacional. Basta con que aumente la tensión para que los mercados reaccionen, los gobiernos se inquietan y las estrategias cambien.
Europa ha aprendido en los últimos años una lección clave: depender de pocos proveedores energéticos es un riesgo estratégico. La guerra en Ucrania obligó a diversificar fuentes. Ahora, la crisis en torno a Irán vuelve a activar ese reflejo. ¿El resultado? Una mirada renovada hacia el norte de África.
El Magreb, y especialmente Argelia, se han........
