¿El odio hacia la juventud se está poniendo de moda?
Basta con abrir cualquier red social o leer los comentarios de algunas noticias sobre migración para cuestionarse. Desaparecen los nombres, las historias y proyectos de vida. Aparecen etiquetas: “MENAs”, “los otros”, “los de fuera”, “los invasores”; aquellos a los que Eduardo Galeano miró: “Los nadies”.
Como si cientos de personas distintas pudieran resumirse en una sola palabra. Como si compartieran los mismos sueños, el mismo camino o destino. Esa simplificación no es inocente. Es el terreno donde crecen los prejuicios y donde los discursos de odio encuentran la forma más fácil de abrirse paso. Después llegan las consecuencias: el miedo sustituye al conocimiento, el rumor ocupa el lugar de los hechos y la convivencia empieza a deteriorarse sin apenas darnos cuenta.
Las generalizaciones, junto con crear miedo, son el alimento favorito de quienes construyen sus discursos desde el odio. Somos conscientes de que no todos los procesos migratorios tienen el mismo recorrido y de que existen situaciones de conflicto. También es evidente que, si una persona comete un delito, independientemente de su procedencia o edad, deberá asumir las responsabilidades legales que correspondan. Pero esos casos no pueden utilizarse para señalar o juzgar a toda una generación de........
