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Quieren matar al derecho internacional

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Cada mañana desayunamos con una nueva tragedia internacional. Una invasión, un bombardeo contra civiles, una potencial amenaza nuclear, un genocidio, vetos en el Consejo de Seguridad o una resolución de la ONU simplemente ignorada. Es comprensible que muchas personas concluyan que el derecho internacional ha fracasado o, incluso, que ha dejado de existir. Sin embargo, antes de aceptar ese diagnóstico conviene preguntarse si no estamos confundiendo la violación de una norma con la desaparición de la norma misma.

Quienes sostienen que el derecho internacional está acabado señalan, con razón, las numerosas ocasiones en que las grandes potencias han actuado al margen de sus principios. La URSS, ahora Rusia, en Afganistán y después Ucrania, Estados Unidos en Corea, Vietnam, Irak y ahora Irán, China en el Tíbet o ahora en el mar de China Meridional parecen demostrar que, cuando los intereses estratégicos están en juego, el poder se impone sobre el derecho. Pero ello no basta para concluir que el derecho internacional haya muerto.

Curiosamente, nadie afirma que el derecho penal haya desaparecido porque sigan produciéndose asesinatos o que las leyes fiscales hayan dejado de existir porque haya fraude tributario. La existencia de infracciones demuestra que una norma es imperfectamente cumplida; no que carezca de validez. Lo mismo ocurre en las relaciones internacionales. El hecho de que las grandes potencias incumplan el derecho internacional no implica que éste haya dejado de operar.

Además, la historia nos invita a relativizar la sensación de excepcionalidad que a menudo acompaña a los acontecimientos presentes. El sistema internacional ha sobrevivido a desafíos enormes: la invasión soviética de Hungría en 1956 y de Checoslovaquia en 1968, la guerra de Vietnam, la intervención soviética en Afganistán, las guerras yugoslavas, el........

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