No hay dos sin tres
No es de extrañar que Trump salga muchísimo más en los medios occidentales que Putin. Con su actitud errática, agresiva un día, y esperanzadora al siguiente, manipula el mercado a su antojo y abundan los rumores de que se está enriqueciendo con ello en bolsa. Según muchos medios de comunicación, el mayor los escándalos de corrupción conocido por estos lares quedaría extremadamente empequeñecido a su lado. También proliferan las teorías según las cuales Trump no sería quien diseña realmente la estrategia, sino que sería apenas la cara visible de intereses más profundos. Que Venezuela e Irán suministraban petróleo a China, que la rivalidad con China es ahora lo prioritario, y que por ahí vienen estos lodos.
Sin embargo, me llama la atención lo relativamente poco que se habla de Putin. Y eso que las similitudes entre Putin y Trump son evidentes. El autoritarismo de ambos resulta patente, aunque el sistema norteamericano de frenos y contrapesos obliga a Trump a recular parcialmente con sus aranceles o a disfrazarlos bajo otras fórmulas. También le obliga a dar oficialmente por terminada la guerra con Irán, cuando se le iba agotando el plazo para solicitar autorización al Senado.
Trump y Putin comparten además una peculiar forma de comunicarse: utilizan el poder de la palabra no solo para convencer, sino para alterar la percepción misma de la realidad: “Los mexicanos son unos violadores” (Trump), “los ucranianos son nazis” (Putin). Unos crédulos u otros les compran sus respectivos relatos. Y, recurriendo a técnicas propias de la publicidad –sorpresa, repetición, frases-eslogan– privilegian el impacto emocional sobre lo racional. Trump actúa como una estrella de tertulia televisiva; Putin cultiva la imagen del zar frío y distante.
Pero ambos operan como grandes narradores de relatos destinados a ocultar la realidad más que a........
