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La multa que nunca se pagó

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29.03.2026

Mucho se ha escrito y hablado sobre Johan Cruyff al cumplirse diez años de su irreparable pérdida. Sobre Johan, los que más le conocieron por las ocho temporadas en las que coincidieron en el vestuario del Camp Nou, gente como Rexach y Bakero, destacan su alto grado de exigencia en el día a día, donde no dejaba pasar ni una. El holandés era un ganador nato y odiaba perder hasta a las canicas. Pero también es cierto que tras abroncar a alguno de sus futbolistas porque no se había esforzado al máximo en algún entrenamiento, después en el vestuario mostraba su cara más afable al regalarle ropa de bebé por el nacimiento de algún hijo. Un detalle que siempre se ocupaba de comprar su esposa Danny.

El resultado que más le escoció al míster holandés fue aquel 6-3 encajado en La Romareda en la jornada 25 de la Liga 1993-94 que descolgó a los blaugrana a tres puntos con respecto al Deportivo, líder de la clasificación, en unos tiempos en que las victorias se contabilizaban con dos puntos. A pesar de que después del repaso del equipo de Víctor Fernández, Cruyff llegó a decir en la sala de prensa que “esta derrota nos hará ganar la Liga”, en una demostración de su enorme autoconfianza, el cabreo del entrenador con sus futbolistas, especialmente con aquellos que denominaba como ‘vacas sagradas’, era monumental. Hasta el punto que durante el viaje de retorno en autocar, ordenó una multa de 260.000 de las antiguas pesetas por barba para todo integrante de la plantilla y que correspondía a la cantidad establecida como prima por ganar un partido fuera de casa.

No cabe decir que la medida sentó como un tiro en el vestuario, porque ya se sabe que no hay algo que le pueda doler más a un futbolista que aquello de que le toquen el bolsillo. Los capitanes (Zubizarreta, Bakero y Koeman) le hicieron saber a Rexach (el segundo entrenador) que no estaban en nada de acuerdo con la sanción. Charly, que solía hacer el papel de apagafuegos entre Johan y la plantilla, se comprometió a mediar en el asunto. Y no pudo encontrar un argumento más disuasorio que recordarle a Johan que, en el caso de hacerse efectiva la multa, a él le correspondía abonar 520.000 pesetas, porque por contrato tenía acordado percibir primas dobles. Algo que hizo que se reconsiderara el castigo, que no se haría efectivo si a cambio se ganaban los tres siguientes partidos. Como así fue, con las victorias contra Osasuna por 8-1, Valladolid por 1-3 y Tenerife por 3-0.

El resto de la historia es de sobras conocido. El Barça acabó ganando su cuarta Liga consecutiva gracias al famoso penalti fallado en el último minuto del campeonato por Djukic. Y tras la dolorosa derrota, cuatro días después, por 4-0 en la final de la Champions en Atenas contra el Milan, se inició la descomposición de aquel incomparable Dream Team.


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