Cuando el prejuicio se sienta a comer
Escuchar a un profesional de la salud dictar sentencias cargadas de determinismo biológico en la mesa de un restaurante, frente a tres preadolescentes y una niña menor de siete años, deja una sensación de profundo desconcierto. Afirmar con ligereza que la testosterona convierte a todos los hombres en agresores potenciales de sus propios hijos, sobrinos o hijastros, y justificar con ello el confinamiento de la mujer en el hogar, no es solo un exabrupto clínico, sino un acto de irresponsabilidad pedagógica en un espacio donde la infancia está absorbiendo los códigos con los que interpretará el mundo.
Este tipo de comentarios obliga a detenerse y contrastar el mito con la ciencia. Desde la endocrinología y la criminología, la respuesta es categórica: la biología hormonal no excusa ni explica la agresión sexual . La testosterona es una hormona común que regula funciones vitales tanto en hombres como en mujeres; atribuirle conductas delictivas es un error científico que medicaliza y justifica........
