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Jóvenes, ni tan ciegos ni tan sordos ni mudos

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02.04.2026

02 de abril 2026 - 03:08

Un trabajo de clase de Historia realizado por un pequeño grupo de alumnos de primero de Bachillerato del instituto de Armilla se ha convertido para Vox en la última prueba irrefutable del “adoctrinamiento” en las aulas andaluzas. Los chavales de 16 años elaboraron un cartel rudimentario, con sus fotos recortadas y pegadas y unos rótulos escritos a mano, como miles y miles se hacen cada día en los centros escolares. El título del trabajo es ¿Fascismos hoy día? Y va acompañado de palabras destacadas como racismo, machismo, violencia, censura… En el centro, una foto de Milei junto a Trump y Bolsonaro. Y luego una serie de recortes de noticias relacionadas con estos conceptos que los chicos recortaron de periódicos y pegaron en el papel, entre ellas algunas en las que se menciona a Vox. Poco más. Ni siquiera y a simple vista tiene garantizado un sobresaliente, ni es un “mural” (como lo ha descrito el partido de Abascal) impactante en el que todas las miradas se fijarían al pasar por los pasillos del centro.

En plena precampaña electoral, el partido de derechas ha pedido explicaciones a la Junta por este trabajo escolar colgado en el centro y que supone un “grave caso de adoctrinamiento” y “criminaliza a Vox y a sus aliados”, en referencia a la citada triada de líderes americanos y a otros como Viktor Orbán que también aparecen. Al parecer, estas cosas “intimidan” a sus jóvenes votantes. Pero también podríamos pensar que es esta reacción desmesurada la que intimida y preocupa. Vox es una formación política que aspira a participar en el Gobierno andaluz y, por tanto, a tener voz y voto en la gestión de servicios como la educación. Si su tarjeta de presentación es ésta, la de censurar los contenidos de un trabajo escolar y poner en el ojo del huracán a una profesora, los de Abascal van a servir a Juanma Moreno y el PP una nueva mayoría absoluta en bandeja de plata.

Que el nombre de un partido aparezca vinculado a palabras y expresiones como fascismo, censura o culto al líder y que unos chavales de un instituto cualquiera hayan decidido expresarlo puede ser por algo más que la influencia adoctrinadora de una docente. Quienes se esmeraron en hacer esta denuncia harían bien en preguntarse qué ven, escuchan y leen cada día en redes sociales estos jóvenes, su granero de votos presentes o futuros. No pensemos que están tan ciegos, sordos y mudos.

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