¡Que una mujer de mi prosapia!
26 de marzo 2026 - 03:08
Desde Julio César a Ruiz de Lopera el ileísmo, o hablar de sí mismo en tercera persona, es un recurso retórico que lo mismo revela soberbia que modestia. En el caso de la candidata socialista a la Junta todo parece indicar lo primero: “Me van a permitir que ponga en valor lo que tiene valor… Que una persona que tiene grandes responsabilidades, probablemente la mujer, sin duda, con más poder en el conjunto de la democracia, decida presentarse a unas elecciones autonómicas, apostando por Andalucía y dejando sus cargos institucionales… Una persona con ese recorrido, que eso no se ve habitualmente, decida venir a Andalucía a disputar unas elecciones autonómicas para rescatar a los ciudadanos andaluces del desgaste y el deterioro de los servicios públicos…”.
Todo sacrificado en el altar de la patria andaluza para salvar a los andaluces que se juegan la vida (“estamos optando entre sanidad pública o Moreno Bonilla. Y, literalmente, se nos va la vida en ello”), la paz y la seguridad (de la que Sánchez es “la mayor garantía” para los andaluces, por las bases de Morón y Rota, ante la guerra de Irán). Todo inmolado –y no se olvide que es más de lo que ninguna mujer haya tenido nunca en política– por el bien de Andalucía y los andaluces. Porque está claro que “bajar” de Madrid a Andalucía es renunciar a muchísimas cosas sin que se le caigan los anillos. O más bien el Anillo de Poder, el Daño de Isildur.
Oyéndola recordé un pasaje de Angelina o el honor de un brigadier, la divertida parodia del teatro en verso de Jardiel Poncela. Quedan los protagonistas para batirse en duelo en un cementerio. Al estar la puerta cerrada, se ven obligados a saltar la tapia. Uno de ellos se queja mientras trepa: “Que unos caballeros tengan que entrar de este modo… Esto es propio solamente de gente de esa indecente que usa gorra y tiene apodo. En fin.... ¡qué se le va a hacer!”. Menos resignado está don Marcial, el brigadier ofendido. Torpón por la edad y el volumen, se las ve y se las desea para saltar la tapia. Indignado y colorado como un tomate, exclama: “¡Que un hombre de mi prosapia tenga que entrar por la tapia!”. Nunca lo olvidé porque tuve la suerte de ver al grandísimo Mariano Ozores Francés interpretando este personaje en un lejano Estudio Uno. Ahora lo he recordado. ¡La prosapia!
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