Pongamos que hablo de Cochabamba
¡Si Joaquín Sabina propuso hablar de Madrid, yo propongo hablar de Cochabamba! Mi ciudad tiene algo que no se explica fácilmente. Quizás porque las ciudades, como las personas, tienen carácter, memoria, mañas y hasta ciertas formas de mirar. Hay ciudades que se dejan conocer de inmediato y otras que exigen tiempo, conversación, caminata y paciencia. La Llajta pertenece a estas últimas.
Esta ciudad conserva secretos, astucias, magos, saltimbanquis, filósofos, encantadores de serpientes, pajpakus, hechiceros y hasta remedios caseros para las penas, el olvido y el ch’aki, y de yapa, otro casquito, niñituy, para curar lo que te provocó el ch’aki. No puede ser que en esta Llajta las campanas suenen sólo como campanas. Estoy seguro de que tienen sus sones diversos y ocultos que deben ser descubiertos.
Porque Cochabamba es también una ciudad mágica. No por aquello de los cuentos de hadas, sino por esa extraña capacidad de convertir lo cotidiano en una pequeña ceremonia. Un almuerzo puede terminar en sobremesa interminable; una conversación en la esquina puede convertirse en historia; una chichita puede convocar recuerdos que parecían enterrados; una plaza puede guardar amores, peleas, negocios, derrotas y victorias.
Es una ciudad amable, aunque no siempre dócil. Solidaria, aunque también capaz de encerrarse en sus propias contradicciones. Aguerrida cuando tiene que serlo y despreocupada cuando la vida permite bajar la guardia. Una ciudad que sabe recibir, pero que también sabe poner límites. Y si hay algo que merece capítulo aparte son sus mujeres. Las mujeres cochabambinas tienen una manera particular de enfrentar la vida. Son trabajadoras, luchadoras, mandonas cuando corresponde y capaces de poner en su sitio al más pintado. Hay que tenerles respeto. Fácil es quererlas, pero más fácil todavía es temerlas cuando se enojan. No hay llajwa que alcance para apagar semejante carácter.
Las calles y avenidas de Cochabamba son centinelas del pasado y del presente. Abrigan, todavía, la memoria de una ciudad por descubrir, primaria y salvaje, pero también ambicionan ser transitadas diariamente con ese aire del despreocupado, imaginando un porvenir más halagüeño. Cochabamba también es turismo, aunque muchas veces no nos demos cuenta de que vivimos dentro de una postal que otros vienen a buscar. El valle, las........
