Paz: Entre el Escudo de las Américas y la espada de Damocles
Ver a la policía asaltar las oficinas de la Fiscalía en Sucre y llevarse esposado a Roger Mariaca, junto a catorce de sus colaboradores, no me causó sorpresa; me provocó un profundo suspiro de alivio mezclado con indignación.
Durante casi un año, la sociedad boliviana asistió a un espectáculo de pasividad exasperante por parte del gobierno de Rodrigo Paz. Vimos cómo el narcotráfico, el contrabando de oro, madera y armas, y las mafias transnacionales como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho se asentaban en nuestras instituciones como Pedro por su casa.
Las investigaciones sobre el narco Sebastián Marset caían en un pozo sin fondo y los operadores del pasado ,como Evo Morales, Juan Ramón Quintana, Álvaro García Linera o Eduardo Del Castillo, se paseaban con total impunidad. ¿Por qué el presidente reaccionó recién ahora? La respuesta no está en una repentina valentía política, sino en el peso asfixiante de una verdadera espada de Damocles: el Escudo de las Américas.
Tuve acceso a los pilares y resoluciones de esta coalición hemisférica, respaldada con el músculo de agencias como el FBI, la CIA y el Departamento de Estado de EE. UU., y entendí perfectamente el pánico del gobierno. Este acuerdo no es un saludo a la bandera; es un contrato de supervivencia con cláusulas draconianas. En sus resoluciones más taxativas, el bloque establece de forma contundente que "la corrupción pública y la infiltración del crimen organizado en los sistemas de justicia constituyen una amenaza directa a la seguridad del hemisferio".
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