Gobernar en gerundio: hablando, hablando… y postergando ando
Seis meses. Tiempo más que suficiente para dejar de hablar como candidato y empezar a gobernar como presidente. Pero no. El país sigue atrapado en una lluvia de discursos, consignas repetidas y frases diseñadas para sonar bien, no para resolver nada.
Porque ese es el problema de fondo: aquí no hay falta de diagnóstico, hay falta de decisiones.
El presidente ha convertido la política en un ejercicio de repetición. “Bolivia, Bolivia, Bolivia”. Una, dos, diez veces. Como si nombrar al país fuera equivalente a gobernarlo. Como si la insistencia reemplazara la acción. Como si la retórica pudiera llenar tanques de gasolina, generar dólares o reactivar la producción.
Y lo más preocupante es que esto no es nuevo. Es un déjà vu político. Su padre, Jaime Paz Zamora, ya ensayó esta fórmula: discurso optimista y narrativa desconectada.
Durante su gobierno (1989-1993), el discurso también ocupó un lugar central, acompañado por figuras como Óscar Eid Franco (su pequeño saltamontes) y frases que buscaban construir una percepción optimista de la realidad.
A propósito de esto, guardo como un documento irrefutable el libro de Waldo Peña Cazas, El lenguaje político en Bolivia. Guía para entender al oficialismo y a la oposición, publicado en 1991.
En esa joyita, Peña recoge, como una suerte de bitácora de exabruptos, un análisis lingüístico feroz sobre las frases más descabelladas y desaprensivas de la fauna política de la época: desde........
