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Cochabamba: el desafío histórico tras el foro de la ICAM con candidatos a la Gobernación

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En el foro organizado por la Cámara de Industria, Comercio y Servicios de Cochabamba (ICAM), los candidatos a la Gobernación desfilaron entre cifras, promesas y lugares comunes. Hablaron de reactivación, de empleo, de seguridad y de desarrollo sostenible. Pero el empresariado cochabambino —y la ciudadanía entera— no necesita más discursos edulcorados ni consignas recicladas. Necesita carácter. Necesita decisión. Necesita un gobernador que entienda que administrar la Llajta no es administrar un botín político, sino liderar un proyecto histórico.

La ICAM cumplió su rol: convocó, cuestionó y puso sobre la mesa los temas estructurales que durante años han sido postergados por mezquindades partidarias. Es momento de que el futuro gobernador cumpla el suyo.

Gobernar Cochabamba exige asumir que el Estado departamental, por sí solo, es insuficiente. La alianza estratégica con la empresa privada no es una concesión ideológica: es una obligación moral y económica. Consolidar acuerdos público-privados no debe ser un eslogan, sino una política estructural con seguridad jurídica, incentivos claros y metas medibles.

El próximo gobernador debe comprender que sin un aparato productivo vigoroso no hay redistribución posible. No hay inclusión social sostenible sin crecimiento. No hay desarrollo con confrontación permanente hacia quienes invierten, producen y generan empleo.

El Parque Industrial Santiváñez es el ejemplo más claro de nuestras contradicciones. Concebido como polo de desarrollo, ha sobrevivido más por la resiliencia empresarial que por la eficiencia institucional. Falta infraestructura integral, logística competitiva, seguridad jurídica plena y una estrategia agresiva de atracción de inversiones.

El futuro gobernador debe decidir: ¿Santiváñez será el motor industrial del centro del país o seguirá siendo una promesa a medio cumplir? No basta con inaugurar galpones; se requiere planificación territorial, conectividad vial moderna, articulación con mercados externos y, sobre todo, garantías para producir sin sobresaltos.

Cochabamba no es solo su casco urbano. Las provincias claman por una visión descentralizada que impulse polos productivos según vocaciones territoriales: agroindustria, transformación alimentaria, energías renovables, manufactura especializada.

El gobernador que venga no puede seguir gobernando desde el escritorio ni mirando únicamente al centro urbano. Debe articular cadenas productivas, fortalecer municipios y convertir a la Gobernación en facilitadora, no en obstáculo.

Cochabamba tiene el Cristo de la Concordia, el Parque Nacional Torotoro, los parajes de Incachaca, los valles altos, medios y bajos, la gastronomía más diversa del país y el trópico exuberante. Y, sin embargo, el turismo departamental sigue fragmentado, sin circuitos integrados, sin promoción internacional seria y sin infraestructura homogénea.

¿Dónde están los circuitos turísticos provinciales articulados? ¿Dónde está la marca Cochabamba posicionada con estrategia global? El turismo no puede seguir siendo una postal; debe convertirse en industria.

El Trópico de Cochabamba ha sido reducido durante años a una etiqueta de “zona roja”. Allí conviven producción agrícola, biodiversidad extraordinaria y potencial turístico con economías ilegales, violencia y miedo.

El próximo gobernador tiene el deber histórico de romper esa narrativa, pero no con negacionismo, sino con autoridad. Se necesita coordinación real con el nivel central para garantizar seguridad ciudadana, libre circulación, protección al inversionista y combate frontal al narcotráfico. No puede haber territorios donde el ciudadano circule con temor.

Revertir la estigmatización implica inversión, formalización productiva, infraestructura y presencia institucional efectiva. Pero también implica valentía política para no ser rehén de intereses sectoriales ni cálculos electorales.

La ICAM ha demostrado que el sector privado está dispuesto a dialogar, proponer y construir. Ahora toca al futuro gobernador demostrar que puede gobernar sin trincheras ideológicas ni intereses politiqueros.

Cochabamba está cansada de la polarización estéril. El próximo líder departamental debe dejar de lado los colores partidarios y asumir un compromiso superior: devolver la dignidad institucional, previsibilidad económica y seguridad ciudadana.

No se gobierna para una sigla. Se gobierna para una región.

La Llajta no pide milagros; exige gestión. No demanda retórica; exige resultados. El foro de la ICAM no debe quedar como un evento protocolar más, sino como el punto de inflexión donde el empresariado y la sociedad civil dejaron claro que no aceptarán más improvisación.

Basta de seguir siendo un departamento a la zaga, basta de ser una ciudad postergada y vilipendiada, basta de ser unos segundones.

Como cochabambino, reclamo y exijo al futuro alcalde y gobernador que deje de hacer de Cochabamba un trampolín y un botín. Pido, como ciudadano, que el futuro gobernador tenga las pelotas bien puestas para abrir a Cochabamba hacia un futuro moderno, que tenga la transparencia y la ética para dotar al ciudadano de políticas de desarrollo eficaces. No puede ser posible que, cuando Santa Cruz estornuda, a Cochabamba le dé una pulmonía de mierda, por su dependencia alimentaria y de productos procesados para la avicultura, pollos y otros productos que Cochabamba perfectamente las puede generar y superar por mucho.

Exijo autonomía, exijo que ese 50/50 propuesto por el presidente Paz sea real, claro y sin juego de palabras ni demagogia política. Cochabamba debe ejercer su autonomía, su autogestión libre y soberanamente.

El futuro gobernador será recordado por una de dos razones: por haber administrado la inercia o por haber liderado la transformación.

Que no olvide que Cochabamba tiene memoria. Y que la dignidad, cuando se posterga demasiado, se convierte en reclamo y encabronamiento.

El autor es comunicador social


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